Resaca de huelga

Version imprimablepublié par Hors-d'Øeuvre le 27 septembre 2012

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Miradlos, como se ponen en primer plano, los arruinadores de la huelga. Hormigueando entre nosotros, estos falsos partisanos. Ávidos de publicidad gratuita y discretos como sea posible, están esperando su turno. Apenas podemos distinguirlos, tan orgullosos con el símbolo de la unión sagrada. Pero la ruptura está cerca, que lo sepamos. ¿Los estáis oyendo, ya, desgañitarse en contra de todos estos jóvenes que querrán seguir con las hostilidades sin hacerle caso a la ley? ¡Aquí esta, nuestra sagrada alianza reformista! Llega para sermonearnos. Veréis los recuperadores por excelencia, monederos de la frustración popular blanqueando el enfado. La izquierda y la derecha unidos por la defensa de los intereses de la nación. El rojo de golpe se hará blanco, ya veréis. Reclaman disculpas para todo el desorden causado. La única forma de reparar los daños, afirman desde su tribuna. La salvación por las urnas.
 
La huelga, desde su génesis, es la negación de este acto falsamente político que consiste en votar una vez cada cuatro años. El origen del movimiento, que no se nos olvide, está en las asambleas populosas dentro de las cuales la cultura democrática disgrega la legitimidad del Estado. ¿Cómo? Por la fuerza de una conciencia comuna que se está despertando y por la acción concertada de los individuos que forman estas asambleas y que las animan con su deseo de libertad. Esta lucha no está en contra de tal partido u otro, pero en contra del monstro de forma mercantil que los rige todos sin excepción.
 
La concepción de la política desde el Estado moderno se basa esencialmente en una delegación de poder falaz: el parlamentarismo. Dejamos el poder en la manos de los que piensan et decidan para nosotros. Habria un tiempo para hacer política, momento que tardarìa mas o menos un segundo, y otro tiempo, interminable, para trabajar y divertirse. Toda la organización de la sociedad se cristaliza alrededor de esta violenta separación que anestesia la autonomía de los individuos. Al contrario, el ser político, verdadero e insaciable, se niega en ceder su poder a los especialistas. Lo ejerce él mismo en todas circunstancias y con más vigor que estos infames arribistas quien querrían instrumentalizarlo con fines electorales. Así, la huelga es la antítesis de la representación y lo que atormenta la democracia burguesa. Si, burguesa, no debemos temer las palabras como todos esos políticos podridos. A lo mejor los huelguistas no saben que están negando el parlamento, pero es lo que realmente hacen cuando contestan las decisiones del Partido Liberal. Al fin y al cabo, este partido solo está ejerciendo su el poder que obtuvo de forma democrática. Fueron elegidos, tienen derecho a hacerlo.
 
La respuesta a su pretensión, de hecho la nuestra, es la democracia directa, pero no olvidemos que tan bella sea, no puede garantizar nada. De los sobresaltados de la guerra nace ella, inconsciente de lo que le ha precedido. Siempre muerta, viva por un día, esta democracia de los eternos perdedores de la Historia sirve desde el origen a legitimar otra forma de poder permanente, aun más disimulado bajo una ideología de izquierda. Porque mucho antes del nacimiento del movimiento actual, ejecutivos constituidos por militantes radicales, todos preconscientes de lo que estaba en juego y en el control de máquinas de guerras sindicales estudiantiles, estuvieron refinando los planes desde casi dos años. Y estáis hoy dentro del terreno, que os guste o no.
 
Que la CLASSE se haya vuelto mainstream, ya no lo podemos dudar, y es gracias a vosotros. Hicieron falta diez anos para llegar hasta aquí, para que la intelectualidad de izquierda consiga reconstruir una asociación nacional capaz de rivalizar con, o más bien eclipsar de un día para otro a la influencia de las federaciones estudiantes, esta ‘’escuela preparatoria’’ para el Partido Quebequense. Para ampliar el movimiento al máximo y desplegar sus tentáculos encima, había que esconder las contradicciones de antes, rechazar su historicidad porque estratégicamente la unión hace la fuerza, o eso dicen. Gracias a esta estrategia de sindicalistas caníbales, la CLASSE apareció como responsable a los ojos del mundo, en conferencia de prensa junta a los antiguos recuperadores y desde entonces disociada de los actos de violencia cometidos por sus elementos más implicados, los que la había puesto en el mapa. La CLASSE digirió sus contradicciones y dio la espalda a todos estos activistas que, escondidos en la sombra de una pequeña clandestinidad, habían llegado a ser una amenaza para su reconocimiento.
 
El apoyo masivo dado a la CLASSE demuestra un cambio de época junto con un cambio de guardia en su interior. La ASSÉ, su corazón, atravesó varias luchas internas para sobrevivir a las presiones del mercado. Nuestros valientes y jóvenes comunistas no son como los de antes, por decir lo menos. Ya no tienen miedos de las cámaras y ahora estos jactanciosos universitarios están en primera fila, juntos con sus intereses. Esta novedad contradice la lectura simplista del conflicto promulgada por los amigos del régimen a quien le gustaría hacernos creer que estamos en una lucha popular en contra del 1%. Así pues, los esquiroles serían nada más que pequeños burgueses, nos dicen otros pequeños burgueses. Pero la realidad es mucho más difícil de abarcar.
 
¿Por qué la provincia de Québec tan dividida sea frente al aumento de las tasas escolares lo está precisamente en el perímetro de Montréal, su capital económica y cultural? Atravesamos un puente y ya está, el apoyo a la huelga se disuelve. Esto demuestra sin duda una contradicción interna a punto de explotar en el teatro donde se enfrentan les fuerzas productivas y el Capital; una contradicción en cuanto a la diversificación de la economía y a la división exacerbada del proletariado. Montréal es la ciudad donde la cultura desde ahora ocupa una posición estratégica mientras que en el resto de la provincia la realidad es otra. Los supuestos logros de la economía del saber se alimentan de una amarga derrota, la del movimiento obrero que está viendo sus conquistas sociales derretirse como nieve al sol: agravación de las desigualdades, caída del equilibrio de fuerzas, reducción de los servicios sociales, recortes drásticos, subcontratación, reorganización y humillación son algunos ejemplos de traumatismos agravados por esta luna de miel fracasada que había unido el proletariado y las organizaciones de izquierda en los 70, organizaciones que soñaban con emancipar a su base con los medios de la sociedad burguesa. Es el fin de un sueño del proletariado, muy estructurante eso sí, y rompe la unidad de sus intereses, al menos en apariencia. En nuestra época caracterizada por un proceso de consolidación estética e ideológica, el capitalismo se presenta en adelante como una sociedad de clases sin clase en transformación perpetua donde una parte de la población de origen obrera, alimentada por logros pasados y ahora educada en la universidad, se escapa para unirse al mundo de los negocios. Los hijos del proletariado, en su búsqueda de libertad ya posible gracias a las luchas sindicales de ayer, se separan del proletariado como actor colectivo potencial, negativo por naturaleza. Aquí está el problema.
 
Los artistas fueron patéticos. Obnubilados por la superficie del problema, esta élite de los burgueses-bohemio de la metrópolis pretende desde el principio que la huelga es sobre todo un conflicto entre jóvenes en y los viejos liberales paternalistas y desconectados del mundo. Esta incomprensión les ha permitido sentirse solidarios, apoyando la huelga con nada más que una indignación abstracta y sin peso político, igual que esta basura cultural que son los humoristas. Nos han hecho reír bastante con su tentativa de comprar un simulacro de solidaridad a precio fijo. ¡Qué payasos! Pronto podrán vender este mismo movimiento que pretendían reforzar cuando irán con mucho entusiasmo a las urnas de la redición. Pero frente al conflicto que realmente se está desarrollando, el conflicto que hay que saber descifrar, se quedan ciegos con la cara de tonto. No lo saben y les da igual el choque entre el ámbito cultural (para lo cual la huelga es muy rentable en varios aspectos) y los ámbitos económicos tradicionales que desean una imposición más baja y una valorización más grande y que por lo tanto no tienen interés en que el Estado subvencione las universidades. Estos artistas tienen el conflicto debajo de los ojos, pero son incapaces de reflexionar en términos políticos sobre la posición estratégica en la cual están.
 
No entienden en qué medida la huelga les concierne o que la huelga les concierne también económicamente y no solo por el vínculo que sienten hacia los bellos años de rebeldía que se suelen asociar, por alienación muy común, a la juventud. Si los artistas invaden la huelga es porque ven la educación como un buen inverso. Lo que antes era la izquierda se ha vuelto en una masa informe de proletarios de la cultura, proletarios que deberán sin duda volver a educarse para adaptarse a un mundo en constante conmoción en el cual están evolucionando. Son sus interese que la CLASSE está defendiendo y no los intereses de la pobre gente que termina portero. Podemos admitirlo o no, la CLASSE es el sindicato que les faltaba a estos retoños del trabajo autónomo a quienes nadie quiere pagar su estilo de vida mundano. Y desde el principio de la huelga, la CLASSE está haciendo lo que ellos son incapaces de solamente imaginar en su ámbito, atomizados por la división del trabajo. Es por eso que están detrás de ella. Pero su solidaridad permanece debajo de cualquier política porque se expresa según las reglas del espectáculo y no en contra de él.
 
La universidad hace más que ofrecer una formación profesional relacionada con la producción cultural, predispone también una parte de la población a una mercancía sofisticada de la cual el valor de cambio depende de la reputación que da al consumidor. El hombre llamado cultivado seduce sus pares con la representación de esteta que proyecta de sí mismo. Educándose puede aumentar tanto su rango como su autoestima, tanto su valor como mercancía que su tendencia a identificarse de manera positiva con su entorno producido por la división del trabajo. Se reconoce tanto en el espectáculo que busca a utilizarlo hasta en la huelga. Olvidó su voluntad de transformar la vida cotidiana y ahora con mucha ingenuidad quiere concientizar la población a la importancia de concientizar la población. Mientras tanto, las comunidades inmigrantes y las otras regiones de la provincia, todas alejadas del ámbito cultural de la producción, se niegan en participar en lucha. Pronto el sistema, con su increíble capacidad de comerse todo en el camino, podrá aprovecharse de la nueves relaciones que los miembros de la supuesta clase creativa han creado durante la huelga. En concreto, el ámbito cultural desnaturaliza la lucha y construye un nuevo refugio para el capitalismo en caso de crisis social.
 
Pero este video no es para los artistas. Ni para aquellos que quieren vernos morir solos y en silencio con un boletín de voto en la mano. Si son suficientemente tontos para esperar ver el movimiento sobrevivir a un fin tan ridículo, pues lo son suficientemente par creer los que llaman democracia este circo electoral y que llaman enfado de niños mimados la huelga. Por eso os propondrán de volver a clase, sin haber obtenido nada, pero con la certeza que tendréis vuestra victoria tan pronto como en la mañana después de la mera noche de elecciones.
 
Pero habéis resistido a los ataques traicioneros de las grandes firmas mediáticas, a los ordenes conminatorios de los esquiroles que ahora andan sin vergüenza con la cara descubierta y a la represión del Estado y de su policía. Entonces podríais también resistir a las elecciones. Sería una buena ocasión de demostrar a los políticos que no es broma cuando digáis que no pasará, su maldito aumento. Más que nunca desde el principio de la huelga, agarrarse a la reivindicación inicial y negarse en aceptar cualquier compromiso podría contrarrestar el poder. El movimiento actual se encaja en un ciclo de luchas determinado por la historia de las huelgas estudiantiles de la provincia de Québec que seguramente renueva la izquierda, pero una izquierda inofensiva que se refugia al día siguiente del fracaso en el comunitario o en los sindicatos. Desde hace muchos años, el ciclo se repite, desde hace muchos años nos escapa. Pero esta vez el ciclo se conmovió. En el orden de las cosas, el movimiento debería terminarse por un consenso barato negociado a escondidas por los líderes de las federaciones estudiantes. El orden fielmente confirmado por las últimas huelgas estudiantiles, esta vez fue contradicho. El conflicto desvió de su trayectoria normal et se prepara por un cara-a-cara. Porque en Québec existe otro ciclo históricamente determinado y mayor en importancia: el ciclo de las elecciones. La traición de los líderes, que firmaron un consenso de mierda no hay que olvidarlo, habría podido bastar para poner un fin al movimiento en un plazo razonable y así impedir una colisión entre los dos ciclos. Pero el Partido Liberal intentó la total et decidió dejar las urnas solucionar el problema, pensando que el ciclo de las elecciones será más fuerte que el otro. Sabe muy bien lo que está haciendo, sin duda. ¿Podemos decir tanto de vosotros? ¿Qué vais a hacer cuando será el último segundo antes del impacto, seguir a toda velocidad o escaparos?
 
Ya podemos escuchar ejecutivos demostrar la necesidad de un repliegue estratégico. Están temblando de miedo frente a las multas, listos para capitular delante de la primera amenaza seria. Estarán defendiendo, juntos con los electoralistas, el curso normal de las cosas o la terminación previsible del ciclo que al final se atrasó un poco. ¿Para qué sirve oponerse cuando podemos tranquilamente seguir la ola y alegrarse como todo los otros? Al final, el Partido Liberal perderá las elecciones y será una gran y bonita fiesta. Hasta los más difíciles de entre nosotros recibirán un pastelito, nos dicen. ¿Quién vendrá a hacer sombra? ¿Quién decidirá, en contra de todos, defender la huelga humillada y traicionada?
 
Lo seguro es que vuestro potencial político no sobrevivirá a la contradicción entre el entusiasmo exacerbado de los últimos meses y el fin miserable que nos espera a la esquina. Un fin tan feo manchará el movimiento entero. Cada una de las luchas de los últimos meses, aun la mas heroica, será un instrumento de conclusión ridícula. Todo lo que habéis hecho no querrá decir nada. De todo lo que habéis hecho, podremos reírnos y lo haremos. Porque votar, no sé si hace falta decirlo otra vez, es dar legitimidad a las instituciones con las cuales la huelga está en negación, y entonces es sabotear su proprio trabajo. Hacer la huelga para obligar un gobierno a dar la marcha atrás sobre sus decisiones no puede ser legítimo si las elecciones son legítimas. En serio, podéis votar o no, pero si vais a votar, no vengáis a quejaros después porque vuestro enfado será ya vendido, y a precio muy bajo. Podréis decir que nunca habéis dejado, ni un minuto, de apoyar al movimiento de huelga, pero estaremos aquí para recordaros que apoyos así, a la huelga no le hace falta.
 
El ciclo de las huelgas estudiantiles y el de las elecciones se inscriben en un solo ciclo al cual nadie puede escapar: el ciclo de la totalidad social que se reproduce por nosotros y en contra de nosotros. Podéis hablar con mucha ilusión de todos los eventos actuales, del levantamiento popular y de huelga social, pero que sepáis que estáis muy pero muy lejos de conmover ni un solo iota de esta totalidad. Solo con la dedicación de vuestra vida podríais un día pretender hacerlo. Si la huelga estudiantil representa una escuela adonde se puede debatir y experimentar los problemas relacionados a la lucha social, el verdadero campo de batalla es el mundo laboral. Allí están los mecanismos de control y las luchas de poder que hacen parecer las trampas de los representantes estudiantiles como unos juegos de niños. Allí están las todas poderosas burocracias sindicales que han renegado del proletariado desde hace mucho tiempo y que ni siquiera se esconden para trabajar mano a mano con los empresariales. Hablar de huelga social sin ser capaz de afrontarlos es nada más que una ilusión. Ser capaz de afrontarlos requiere tiempo. Seguir con esta huelga hasta el final teniendo en cuenta que todo está por hacer sería un buen comienzo, pero abandonarla ahora seria demostrar que nada ha sido empezado y que realmente nada ha pasado.
 
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